El partido libertario se organiza en más distritos, aunque en algunos choca con diferentes internas. El debate en la mesa chica del Presidente respecto al vínculo con el PRO.

El último distrito que la hermana de Javier Milei pudo tildar en su cuaderno de bitácora es Santa Fe: este sábado concretó su desembarco en esa provincia, confirmando su rol como gran armadora oficial, allí y en el resto del país, y de paso rompió por una vez su hábito de reuniones cerradas y conversaciones reservadas, mostrándose más en público.

Avanza así, a paso firme, por la senda de dotar al Presidente de una organización homogénea y centralizada, de alcance nacional, para mejorar su competitividad en las elecciones del año que viene, y dejar de depender de mediadores, socios o prestanombres que siempre terminan saliéndole caros, se cortan solos y confunden su mensaje.

Hay, de todos modos, varios inconvenientes que vienen entorpeciendo este armado territorial. El primero de ellos es, precisamente, que debe desembarazarse, absorber o alinear lo que hasta aquí fue surgiendo como representación del “mileismo” en provincias y municipios. Y esa tarea no siempre es fácil, porque el apuro y cierta tosquedad de la señora chocan contra los intereses creados, por completo legítimos por otro lado, de quienes hasta aquí oficiaron como pastores del credo oficial.

Se vio, sobre todo, en CABA, donde la pelea con Oscar Zago y Ramiro Marra continúa. También en Córdoba, donde la disputa entre karinistas y líberos se judicializó, algo que se repite en otros distritos. Lo decisivo será, sin duda, cómo se resuelvan las cosas en provincia de Buenos Aires, donde el oficialismo necesita hacer en 2025 una elección mucho mejor que la del año pasado, para poder incrementar en serio su peso en Diputados.